Amparados por el silencio
de un éxtasis eterno como aión, densidades que surcando las hiper
sensaciones nos esbozan fuera de los conceptos, al margen de la
imaginación, desenfocando la realidad; en la cumbre de la ausencia
en el horizonte de la algazara los inmortales aúllan llamando a la
placidez.
Los cirios equilibran las
sombras, el transcurso de los cuerpos se percibe difuso, el
sentimiento de lejanía del pasado contrasta con la sensación de
estar al borde del tiempo, siendo con el universo todas sus
manifestaciones, la consciencia despierta ahí todos sus nombres, los
espacios han perdido su coherencia a cada paso el tiempo se
distorsiona.
Los ojos no se han movido
pero el espacio construye la mirada al acomodarse a nuestros deseos,
cada lapso trastorna la sensación de mi masa, sin saber si recuerdo
o aspiro, las otras figuras que me acompañan se matizan e iluminan
al ritmo de mi pensamiento, por momentos recobro el movimiento y en
ese instante todo desaparece, pero el cuerpo se hunde en el espesor
del vacío y por canales va cada vértigo filtrándose por las
ranuras de la piel, aceptarlo abre una puerta hacia la tranquilidad y
allí o aquí aparecen la figuras.
En el torrente al cual me
he abandonado me arrullan coros, discursos y disertaciones, que
enfrían los pensamientos de mis cavilaciones, en los sentidos
enmudezco, sobre la situación encallo, en el amén del movimiento
deliro, sólo vértigo en la presencia de las figuras, con una
certeza moral, con una solidez ética, se devela la insuficiencia del
juicio humano, la fascinación es en sí “esto” sin tiempo ni
espacio nadando en la sabiduría, pulsos y tonos cíclicos
meciéndonos entre las palabras, hallando la lógica de una
programación ancestral, absorto en la pureza del acto, el ahora me
llama a una total subsunción a este pacto. En esta dulía de lo
irrefrenable de la gloria, las figuras en cada intervalo de color
toman mi pulso con la mano en el corazón y en la cabeza, solicitan
solo de mi calma al flotar sobre los lenguajes, la eiségesis entre
las figuras hacen redoblar mis pensamientos, no espero comprenderlo,
no espero siquiera darle a su causa un numen, solo reconocer que
somos una nimiedad en este todo, océanos de sensaciones que en la
ausencia de cualquier conocimiento anterior solo adivinamos la
profundidad de sus efecto en nuestra psique. Dulce kénosis asistida
alimentándose de nuestros vértigos inyectando la paz en el
movimiento, anudando las experiencias.
Infinita inspiración en
la inmanencia, destellante despertar de la conciencia, vastedad de
la certeza, no creemos estar aun en esta condición, fulgura en cada
nervio de mi cuerpo.
Miss mejillas rozándose
con senos lentamente, huellas dactilares marcando en las ondulaciones
de las costillas, cordilleras de nudillos deslizándose por el
pliegue de los pezones, brote de densidades desde las rugosidades,
aceites marcando los umbrales de las vellosidades, profundidades
saturadas acumulando bienhechor rocío, muslos arriba, entre, sobre,
apretando, en contraste los cabellos frotando los rostros, seis
labios al acecho de las curvas, puños cuadrados en las vertebras,
nudillos circundando bajo los omóplatos, manos apretando las caderas,
palmas estrechando los tobillos, cuerpo en troika gobierno de la
piel, ocupando las interioridades y sus diferentes texturas,
modulando los ritmos de la fricción, cosquillas en las lenguas,
mandíbulas en las clavículas, oprimiendo el umbral inferior de los
senos, compresiones lentas de las piernas, rodillas temblorosas,
pulgares buscando los abdominales y dedos embistiendo las cintura,
narices tras las orejas, fondos expandidos, flujos rebosantes
acumulándose esperando la ultima fricción, la realidad, la
imaginación y la locura en aquelarre sobre mis sabanas.
