Negras
tormentas agitan las estructuras de lo viejo, lo irresistible de
nuestra voluntad llega desde la nada, sin retorica, sin seguidores,
sin promesas, la fría realidad nos cobija, la complejidad nos
acompaña en nuestra visión del mundo mas amplia, que siempre ha
sido mas reprimida, cada individuo con su método a su manera
transgrediendo, moralmente o políticamente, críticamente o
apáticamente, todo vale, sin seguir, sin mandar, imprudentes, sin
masas, sin obedecer, son negras nuestras banderas porque su luto nos
recuerda los que en las fosas comunes gritan entre risas ¡...viva la
libertad!.
No
existen los principios porque todo se desvanece una y otra vez en la
lógica de la historia, en las estaciones, en las migraciones, todo
siempre esta en discusión y todo se puede destruir, porque en todo
algo nacerá, valoramos todos los niveles de lo real buscando ese
germen inclasificable donde emerge el caos, sin ideales porque solo
somos materia, no creemos en nadie porque pensamos en todos,
desdeñosos ante la asociación no dudamos de su necesidad pero no
nos rendimos a los sermones, el autor de la tragicomedia llamada
religión monoteísta piensa la realización de nuestros sueños como
Apocalipsis.
El
pensamiento anarquista y todas las bifurcaciones que éste pueda
tener se ha caracterizado por tener una más detalla previsión,
anunciando el perjuicio de las máquinas, los gulags, las
contradicciones no solamente económicas, y por lo que mas nos
quieren, la constante redefinición de la libertad, devenimos sin
texto, muchas veces sin argumento, pero siempre exponiendo nuestra
forma de ser de cada pensamiento en lo cotidiano de nuestro actuar.
Siempre abajo o al lado o de frente a otras banderas nuestro negación
del sectarismo se basa en la ayuda de todas las tendencias porque
todas se dirigen a nuestro fin, la anarquía desplaza al futuro
nuestra imagen de utopía que se matiza según las opresiones
actuales, esta intensidad sin principio es el concepto, la imagen, la
pulsión del pensamiento, somos la energía que no deja que los
discursos, las sociedad, y los individuos, se mantengan ni se
establezcan, que todo se transforme, con un oscuro placer al
difuminar el rebaño nos permitimos ser nosotros mismos haciéndonos
querer nuestras insolencias, somos la epilepsia del pensamiento,
somos el veneno de la sociedad, somos la esquizofrenia del individuo,
somos la potencia de otros mundos posibles. La república en españa,
1968, la caída del muro, Kioto, ocupas, hay allí sin protagonismo
unas banderas negras que se ondulan con la realidad.
El ser
veneno para la sociedad implica una confabulación para romper las
relaciones sociales de explotación y sumisión, ésta bio-lencia
pone en jaque su funcionamiento: martillo forjador del ejercito y la
burocracia, objetor de conciencia de la formas de representación y
participación, dirección de las fuerzas productivas, van dándole
muerte a un cuerpo social creyente, explotador-acumulador e
hipócrita, renaciendo de su hedor la comunidad autónoma, autóctona,
anárquica, autogestionada.
Los
ataques epilépticos en el pensamiento se articulan para que no se
rece la teoría, hacer que las retinas se abran para encontrarle mas
variables a los problemas, juntar las manos en movimiento agitados
constantes contra las estructuras, parálisis permanente del cuerpo
social hasta direccionar su economía-política, saltimbanqui de la
teoría, ilusionista del agón, transparencia en nuestra rebeldía,
escorpión en los zapatos de los enemigos de la libertad, estamos
aquí para no callarnos.
Individuación
esquizofrénica: eros y tanathos nunca mas opuestos, les pensamos
unívocos algún día, solo si vivimos en una sociedad sin
represión, naturaleza humana sin formato, creación ético-estética
donde cada pulsión de color a nosotros mismos como obra maestra,
obreros de construcción de los conceptos, cocineros de teorías,
conductores de los medios de producción, mensajeros de libertades,
secretarios del deseo, servicio de aseo de nuestros egoísmos,
jardineros de los procesos de emancipación, profesores de la
equidad, labriegos de la libertad.
Y si la
sociedad lo es todo, nosotros somos nada, la nada entre palabra y
palabra, la nada entre potencia y acto, la nada entre realidad y
discurso, la nada entre el trabajo y la mercancía, la nada entre el
individuo y el medio, nada prometemos, somos la nada de donde todo
deviene, somos el atractor extraño de la sociedad, fractal de las
conciencias, entropía de las utopías, auto-poiesis de la rebeldía,
somos la alegría transformándose en vida.
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