IGUALES EN EL CUERPO DE CRISTO, Ó EQUIVALENTES EN LA BARRIGA DE LOS GUSANOS
Este vídeo es un fragmento de una película de Elíseo Zubiela, nos muestra en estos instantes, los deslices, o más bien, las omisiones de las que se sostiene la realidad, ¿De qué estamos hablando?: De la ética y de la moral.
La moral es un estado de consciencia, mas lo que se nos presenta mas terrorífico de estos pliegues de la existencia, son las formas de violencia tan sutiles y los dispositivos de tranquilidad con los que se recrea. Pero lo que nos anima, son las terquedades de la ética que sonroja a cualquier soberbia moral.
Mostraremos en tres actos los dispositivos que nos sumergen en la orto-nomia que fuerza nuestra existencia a la quietud; Y en la segunda parte, con los mismos actos y disposiciones, la ética, como ejercicio de de-construcción existencial.
Primer acto: La normalidad.
El sistema económico-político reprodujo ciertas formas de normalización afín a los criterios de su lógica, la de mercado y la de estado, que solidifican las estructuras necesarias para omitir las arbitrariedades de su propia funcionalidad. La institucionalización de la realidad humana no sofoca la creatividad, la guía. Por lo que, el goce frente a la opresión se explica por ser la única vía de actividad estética frente al mundo, ¡la imaginación usada para asesinar la imaginación.. los publicistas!. La moral dice: ¡lo bello es racional! Y racionalmente hay que eliminar lo que opaque la imagen del país, o, lo que ponga en peligro la inversión extranjera. Sí. muerte a los indigentes, prostitutas y ladrones que muestren lo feo del país. Hasta el mas pobre no deja de ver la necesidad de la muerte en sus calles. Se normaliza así, tanto la imaginación y la necesidad. La moral entonces se fortalece cuando no se tiene que pensar en que me hace feliz normalizando la imaginación, pues todo ya esta ahí para mi. Y se siente todo tranquilo porque se matan a los malos vecinos, incluso al develamiento del terrorismo de estado.
Segundo acto: La pertenencia.
La forma de castigo para la gula, y la forma de ataque mas efectiva para el cuerpo, solía colocar al goloso y darle de comer hasta el tope de su fuerza, solo harina, se pensaba y con razón que el cuerpo no volvería a comer jamas. La harina sin ningún liquido aumenta su volumen en el estomago, pero la sensación de llenura era menos fuerte que las de defecar y vomitar. Pero, si somos lo que comemos, el ser está en la misma encrucijada, la moral en estos tiempos, no prohíbe, hastía; el ser con todos sus actos y potencias, son hastiados por la hiper abundancia, las imágenes de la imaginación, el placer del deseo, la potencia del hacer lo que se quiere, queda paralizada en la pura indigestión mental. Es aquí donde todo el poder de la moral se presenta, la moral te “aconseja” no comas más, no pienses más, no hagas más, nosotros lo haremos por ti, ¡pertenece! y no tendrás más imágenes, ni placeres que buscar, solo con estas te satisfarás. Toda tribu urbana, cultura urbana, iglesia, partido, nos da la mercancía para nuestro placer. Solo a cambio de pertenecer en determinado lugar señalado por la jerarquía.
Tercer acto: El deber ser alguien.
Busqué en la internet las características de un buen empleado, y accedí a una página sin mirar cual y la mejor respuesta era la siguiente1:
capacidad de diversificación, necesidad de dirigir, conservador-innovador, control emocional, dependencia del superior, apariencia, modales, reacción ante los retos, etc; Y no eran estos por lo demás, los mas indignantes, pero lo interesante es que cada uno iba seguido de una frase, que implicaba una forma de conjugación del verbo deber. Frecuente es el tema del deber en la moral, pero distinguiéndose de la edad media, la moral de hoy, es totalmente equiparable al ser, en la edad media la moral solo era ortopedia del cuerpo para alcanzar el ser, haciéndolo obedecer algo. Cuando la sociedad pide entonces ser alguien, pide ser obedecida en todos los ámbitos del ser. Entonces para ser, debes ser primero. Para ser madre, padre, amigo o pareja, debes ser, es decir no eres tus actos o pensamientos, sino los parámetros sociales que estas dispuesto a seguir. Por lo que si no eres fiel con tu novio, debes contárselo y sentir pena para seguir con él, o sino, mientes, mala. Así él té pegara, nunca te mintió. Las formas en las que la moral te permite ser alguien es obedeciendo.
Los tres actos se condensan para exponernos cómo la consecuencia del sufrimiento de cristo, es fácilmente traducible a actos generosos y desinteresados; La buena fé del acto caritativo, impone inversamente la dependencia del socorrido por el protector, La paciencia, la mansedumbre, la tolerancia, la calma, son efectos de la moral para provocar el dominio cohesivo, la normalización y la vida tranquila del rebaño. ¡El ojo de la tormenta!. Mas lo que se efectúa en el cuerpo es la obediencia teledirigida, la heteronomía. Todos iguales ante la voluntad ajena de cristo, su guía, su calma y protección.
La ética nos inquieta, si nos dejara tranquilos seria moral, ésta replica y tú ¿que dices?; la fuerza de la creatividad humana puede estar a tal punto tan poco institucionalizada que se le deja crecer sin poda, desarrolla extraordinarias capacidades. Pensemos que ocurrió cuando a Einstein y a Da vince los confundieron con niños con problemas de aprendizaje, un lustro sin influencia de la moral; Imaginario radical sin escenarios. Tres actos, tanto a la moral como a la ética, no le son justos en su descripción, pero sufrimos de falta de atención.
Primer acto: La de-construcción.
Sobre la ética el individuo se ve proyectado, él se presenta en el mundo como la convergencias de fuerza, atado a ellas, pero con la capacidad de tirar sobre sí y crear efectos en los demás seres. Entender este tejido nos da la capacidad de hacer inefectivas ciertas presiones, de la moral, claro. Cuando la cabeza y el cuerpo se hacen un enredo, las lineas de fuerzas hacia sí se inactivan, pero se producen mas conecciones de fuerza que contactan con cosas aleatoriamente; Ésta de-construcción multiplica las fuerzas, éticamente hablando, develando nítidamente el tejido social, haciendo al individuo producto de su ambiente social, pero con la fuerza transductiva, para poderlo cambiar todo.
Segundo acto: El performance.
La ética en esté fin de siglo aceptó negar, la objetividad, la verdad, lo bello y lo racional, como faro que direccionan las conductas humanas; No obstante, las diferentes alternativas de la modernidad capitalista, como lo fue el socialismo, se negó a aceptar la multiplicidad ética del individuo y termino tomando para sí todas las practicas del cristianismo de la edad media. El performance, como herramienta ética, es precisamente poderse construir en el espacio/tiempo de la realidad en las que se desenvuelve. Construir aquí no es acomodarse a cierto espacio/tiempo sino más bien colocar a prueba sus limites; en los actos más cotidianos son los que redireccionan la vida a cada instante: una mujer que golpea a su marido que le maltrataba, un joven que no se deja requisar de la policía, la secretaria que le da bofetadas a su jefe. En último termino, acto, figura, pensamiento o cualquier cosa que atente contra la cotidianidad. La ética como performance incomoda el flujo de la realidad, no por que lo cambie, sino porque lo redirecciona y ese nuevo curso que toma se llama, autonomía; normativizar la realidad es inducirla a mi ser ahí, rompiendo con la enajenación catártica del sistema.
Tercer acto: La individuación.
Éste concepto construido por G. Simondon traza las lineas de poder con las que se distribuyen las fuerzas en el medio, que a la larga le van a trasformar. Los tres niveles por los que se dispersan o se disponen todas las fuerzas del individuo, son el ser-en-el-mundo, el ser-con-los-otros y el ser-ahí. La configuración de fuerzas del ser-en-el-mundo se aplica a dado ambiente tecnológico, laboral, educativo, natural, donde entendidas su figuración, se procede a hacer el cortocircuito necesario que detenga la cotidianidad y trasgreda el orden; buscando una metaestabilidad armónica. El ser-con-los-otros es otro nivel con el que cuenta el individuo para ejercer las fuerzas con las que configura la realidad, estas son: el habla, los deseos, nuestros anhelos, etc, la felicidad; inducir la felicidad en los otros, o más bien, crear dispositivos que proliferen espacios donde no se imponga el peso del deber, es la potencia que anima la ética; Por último, el nivel del ser-ahí, la disposición ética de la fuerza propia, siendo la proyección del potenciamiento y las actuaciones, que reaccionan en cadena y que nos sensibilizan ante los sufrimientos y las felicidades del resto del mundo, para saber, que se estimula y que no. Éste deshacer la realidad fingida y de opresión, en el teatro de la insensibilidad y de la apatía, es el cuerpo sin órganos de la realidad, que cada uno de nosotros, gusanos esquizos, vamos carcomiendo. Equivalentes ante nuestros propios deseos, con la barriga llena de cuerpo sin órganos.
ALEXANDER RODRIGUEZ BOLIVAR
1html.rincondelvago.com/perfil-del-buen-empleado.html. 22 abril de 2010