En los pasos del último
pasadizo, a ínfimos instantes de la respuesta, allí como era de
esperarse en el laberinto... nada, las preguntas en los muros ríen;
sobre la pared del cuarto cerrado un cartel dice “salida”, ¿Por
qué entre comillas?, las preguntas en los muros ríen, les hace
feliz mi expectación.
Limpio el polvo bajo el
cartel y aparece un cuadro de Klee, Angelus novus, el cual se
desvanece a su vez con la sacudida entre las nubes densas de las
partículas, las preguntas satisfechas aprueban el acto; Y la
oscuridad descendió sobre el cuarto, la presión de la atmósfera
aumentó, y mi cuerpo se aligeró. Estando ahí la vi.
Feminam corpus fortuite:
con aión tatuado en el brazo izquierdo y un trueno en el derecho;
Ella siendo todas sus posibles me besa en la mejilla, me abraza, se
alza en mi espalda, me rodea y aprieta con las piernas, y me susurra
-Adiós a los límites- los senos en los omoplatos se aprietan y
aparecen los haces de luz; Contra éstos y su trayectoria avanzamos,
en cada instante la onda se dejaba ver luminosa, y al paso del tiempo
no vibraba sólo fluía, y luego de algunos momentos serpenteaba
lentamente entre nuestros cuerpos, literalmente bañados en luz
nadábamos a contracorriente. Hasta que todo se detuvo y el flujo se
volvió gelatinoso, resbalosos en esa gelatina energética ella no
dejaba de mirarme, sabia que cada parpadeo era eterno.
Demostrando lo atemporal
de la libido, busco tocarle sus curvas, y los trayectos sobre las
pieles notan toda las escalas de la dureza según la cercanía a su
abdomen, contenidos éstos en grumos sin mezclas, mientras
correspondemos fricciones, los materiales extraños de la gelatina
ayudaban a la atmósfera recor-riéndonos, cuando por instantes nos
deteníamos los materiales aún gravitaban, estelas de materia oscura
se disipan en nuestro trajinar, empujándonos, meciéndonos,
magnetizándonos al rozar, alterando la estabilidad cuando los
pulgares asaltan las costillas, sus piernas abiertas sin sustento
salpican de energía fuerte al abrazarnos y de débil al apartarnos
según la contracción del estimulo. Y en éste horizonte de
acontecimientos nuestros cuerpos encuentran apoyo entre sí, un par
de manos en los omoplatos sus pies sobre mis gemelos, las otras manos
aferradas a sus delgados codos, los ojos se ciñen y todos los
elementos en esta atmósfera quieren participar y nos constriñen
cuando nos estrechamos, los mas alejados con mas velocidad golpean a
los mas cercanos en su trayecto hacia el horizonte del
acontecimiento, los mas cercanos se disipan con una velocidad mayor
al separarnos, y en ésta rítmica libidinal, los grumos de texturas
se mezclan y se golpean con violencia contra la materia oscura, a
cada fricción un trueno intenta ser haz de luz, en cada choque de
las carnes el límite de la primera materia se expande, y los
elementos en el linde quieren regresar a su original fricción
haciéndose de todas las fuerzas para quitar de en medio a los
elementos o energías o fuerzas que se atraviesen, del todo tranquilo
primario sólo se distingue una nada actual metamorfoseándose al
ritmo de las pulsiones humanas, coros de gemidos imprimen la
ondulación de la materia, cada plañido do 8 sostenido ritma las
contracciones y expansiones del universo que a cada encontronazo del
los cuerpos despide las materias al doble de su perímetro y las
atrae al doble de su velocidad, haciéndoles rotar a cada elemento
por la violencia de los trayectos que por los gemidos comienzan a
circular sobre una banda de moebius (factor de organización para
poder todos observar la gran copula), en cada rugido, y en cada
fricción, los ojos se aprietan, y en el magnanime final de la
mecánica libidinal, los cuerpos se sueltan, torrentes de luz salen
expulsados por doquier empujando la materia oscura, tan fuerte, que
al girar atraen hacia si hasta la luz aumentando su velocidad y su
fuerza de atracción, luces mezcladas con materiales girando sobre si
concentran su energía, éstos soles adhieren al rededor de si otras
partículas; y generosamente dando al universo un momento de
equilibrio, ambos en ese “tiempo” y ese “espacio” mientras
estos primeros cuerpos sometidos a nuestra propia pulsión desean
continuar y los elementos en los lindes desean observar, el tiempo
transcurre.
